Contra corriente
Ya lo dijo Joseph Stiglitz (premio Nobel de Economía 2001): si México sigue las políticas marcadas por el Fondo Monetario Internacional para los países en desarrollo, el futuro económico (y vale decir, social, cultural y político) es más bien desastroso. No es un secreto para nadie que nuestra facultad a últimas fechas se ha venido acercando cada vez más a este tipo de políticas. Los maestros en las aulas cada vez más se enfrentan con estudiantes que buscan textos "light" y se muestran renuentes a materiales compejos. Menos del 30% de los estudiantes admitidos en nuestra facultad provienen de escuelas públicas, y la tendencia parece acentuarse. Se le da más importancia a las condiciones materiales de, por ejemplo, la cafetería y los baños, que al nivel educativo. Ante este panorama la respuesta oficial ha sido "bueno, hay que entender que tenemos otro tipo de estudiantes y tenemos que adecuarnos a ellos". Me pregutno qué quiere decir esto. ¿Quiere decir que los estudiantes que entramos en estas generaciones y las que vienen estamos incapacitados para realizar trabajos críticos e intelectuales complejos?¿Quiere decir que hay que hacer mediocre la educación universitaria para que los "señoritos (y señoritas) satisfechos" no tengamos que esforzarnos en absoluto?¿Quiere decir que hay que someter la Psicología a la Economía y (¡terrible!) al tipo de economía neoliberal? En lo personal cualquiera de estas posibles respuestas me provoca nauseas. Hay una discusión pendiente en nuestra facultad que tiene que ver con qué clase de Psicología queremos hacer. Y, más profundamente, qué clase de psicólogos y psicólogas queremos ser; es decir, una discusión sobre nuestra identidad institucional y profesional.
Si anhelamos una psicología a la Lizzy Rodríguez para vernos algún día entre un grupo de aspirantes a cantores (ganando muy bien, eso sí), vamos por un camino inmejorable. Si buscamos tener algún día un auditorio lleno de personas aplaudiendo y sintiendose infinitamente motivadas, creyentes en sí mismos, dioses del universo, con alguna canción de Mijares de fondo (de preferencia "uno entre mil yo ganaré..."), colegas, éste es el rumbo. Pero si queremos una Psicología seria, comprometida de verdad con la sociedad, crítica y autocrítica, que forme profesionales menos interesados en el dinero y más interesados en las personas, entonces tenemos que cambiar el rumbo cuanto antes. Recordemos que, como lo dice Manuel Guzmán en su libro del XXX aniversario de la facultad, "nacimos para ir contra corriente". Claro, hay que ser psicólogo para entenderlo cabalmente.
0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home