Hoy tengo ganas de escribir...
Lo dijo así, alguien que realmente quería escribir, y plasmar sus ideas, y tratar de que alguien le leyera. Dicha persona no estaba dada de alta en el blog en ese momento, me avisó, lo corregí, y a la fecha no ha vuelto a escribir.
Y esto nos pasa todos los días. No sólo en el blog, o en el correo, es como el mal de ésta época en la que las cosas tienen que ser al instante, en el momento que se sienten o piensan, de lo contrario se desvanecerán. Oblivion. Me gusta la palabra.
Fast-food. fast-track. Fast-action? fast-thougts?
Adiós seducción o asomos de convenio. Aquí y ahora se tienen que hacer las cosas. Ganar las batallas. Hacer el cambio.
Y aquellas personas que aún creen en el paso a paso, en la lógica del movimiento y actuar concientes quedan relegadas a idealistas o pasados de moda, o pasivos. Como si el mundo fuera pasivo por qué no notamos (ni siquiera con vértigo) como gira a cada segundo trayéndonos lo que hemos llamado la noche y el día (y todos los momentos entre uno y otro).
Hace cuánto que no te sientas ver un atardecer? un amanecer? Hace cuánto que no esperas el paso del tiempo conciente, planeando cada paso al caminar, tal vez incluso al estilo Budista, en el que se le pide permiso al suelo para pisarlo, y que la presión del pie no rompa con su propio equilibrio. Cuántos pies habrán marchado hoy desde la alameda?
No se hizo (no hice, considerándome responsable desde que formo parte) lo planeado para el día jueves. No hubo tiempo para las reuniones entre estudiantes que planeábamos hacer algo -medianamente- elaborado. Y lo del lunes 20, ni qué decir. Sin embargo, en la Facultad de Ciencias Políticas, en menos de cuatro reuniones se pusieron de acuerdo para organizar una movilización en el Campus (a la cuál estamos invitad@s el próximo martes) en contra de la represión... y otras cosas.
Ahí hubo movilización. Ahí se juntaron, se caldearon los ánimos, y la pronta respuesta fue la movilización, que contagiará los ánimos de más de un@ y terminará en un evento cultural en la explanada de rectoría.
La masa contra la pesada carga de la opinión pública dirigida por los medios masivos que tienen todo el tiempo del mundo para irnos llenando la cabeza de ideas, de miedos, de sentimientos encontrados (por qué alguna vez se perdieron).
Cual suplicio de la gota de agua. (RESUMO: una gota de agua a la vez caía seguida de otra, lentamente, durante un largo tiempo sobre la cabeza de el(la) torturad@, hasta que por la desesperación, enloquecía o "reventaba" la persona torturada, y terminaba "cantando, cual ídolo de la Academia - más de fuerzas que de ganas-, o más "bellamente" descrito por Don Juan de Dios de Mora, en Los Templarios: "Una gota de agua caía a intervalos medidos sobre la cabeza del infeliz condenado al más cruel de todos los suplicios. Nunca ha podido encontrarse un símbolo, una forma, una expresión tan elocuente como repugnante del valor del tiempo y de la constancia. El prisionero tenía la parte superior del cráneo desnuda de cabellos y en extremo dolorida por el continuo choque de la gota de agua")
Cuánto tiempo podrán esperar las autoridades antes de intervenir -inteligente o brutalmente, depende de cómo empleen ese tiempo- en el motín en el CERESO de Morelia? Cuánto tiempo les habrá tomado a los amotinados planearlo?
Estrategias, tácticas, resistencia, cual viejas guerras, han sido desplazadas por la inmediatez de la destrucción masiva.
"Generalmente, el que ocupa primero el campo de batalla y espera al enemigo puede descansar, y aquel que llega más tarde a escena y se precipita a la lucha, comienza cansado. De este modo, el que es experto en la guerra atrae al enemigo al campo de batalla, y no se deja llevar allí por el enemigo. " (Sun Tzu, El Arte de la Guerra)
Quién se está cansando ahora? quién tiene el campo de batalla ganado? Si, el pueblo está cansado de la injusticia, de la represión, de la inequidad, pero está entrando con ese cansancio a un campo de batalla ya tomado; "De este modo, lo que es de máxima importancia en la guerra es atacar la estrategia del enemigo. Lo segundo mejor es romper sus alianzas mediante la diplomacia. En tercer lugar viene atacar a su ejército. Y la peor de todas las estrategias es atacar ciudades. (...) El general, incapaz de controlar su impaciencia, ordenará a las tropas cargar contra las murallas, con el resultado de que un tercio de ellas perecerá sin haber tomado la ciudad. Así de calamitoso es atacar ciudades. " (ídem)
Que lástima que nos duela tanto el mote de "agitadores profesionales".. y precisamente por eso, por que agitamos, más no preparamos para después agitar. no en estas grandes luchas ideológicas y de principios.
Hoy tenía ganas de escribir sobre mi estado pesimista. Sobre mi desencanto de la falta de profesionalidad para agitar. Para atacar la estrategia del enemigo (que se ha basado, gracias a los medios, en controlar tooodo el grueso de la opinión pública, de hacernos quedar inertes frente a la caja-boba, término por más arcáico y en desuso).
Hoy tengo ganas de escribir por que somos much@s quienes lo hacemos, lamentablemente no tod@s con la paciencia y tenacidad que necesita la gente para enterarse de la otra versión de los hechos.
Hoy tengo ganas de escribir, por que aún no se que más - que realmente funcione - puedo hacer, a parte de intentar informar con otra versión...
No pida yo nunca estar libre de peligros,
sino valor para afrontarlos.
No quiera yo que se apaguen mis dolores,
sino que sepa dominarlos mi corazón.
No busque yo amigos por el campo de batalla de la vida,
sino fuerza en mí.
No anhele yo, con afán temeroso, ser salvado,
sino esperanza de conquistar, paciente, mi libertad.
¡ No sea yo tan cobarde, Señor, que quiera
tu misericordia en mi triunfo,
sino tu mano apretada en mi fracaso! Anónimo
1 Comments:
Si faltan las palabras no es porque uno no las encuentre en la cabeza ni porque estén balanceándose en la lengua. Faltan porque están ocupadas tratando de ordenar el pensamiento y, más difícil aún, las emociones. ¿Qué hacer con todo aquello que no se comprende? ¿Cómo pronunciar letras dispersas que luchan por encadenarse y formar una frase coherente? ¿En qué lugar místico se unen los caminos de la comprensión? No es la intención plantear preguntas filosóficas, mucho menos tratar de responderlas. Si lo digo es solamente como preámbulo para confesar que las hojas son a veces demasiado abrumadoras, demasiado amplias para dar el primer paso y dejar salir la tinta, empezar una cadena de palabras que digan lo que se quiere y lo que no se quiere decir. Confieso sentirme rebasado por una realidad irasciblemente compleja. Confieso haber escondido la cara en la almohada y haber tratado de tener un sueño tranquilo y despreocupado. Confieso que intenté mirar sin sobresaltarme, mitigar los tirones en el estomago ante noticias sombrías, catastróficas, vergonzosas, hirientes e injustas. Noticias como las de Oaxaca, como la del 2 de noviembre. Y confieso también que he fracasado en mis intentos. Es por eso que ahora quiero empezar al revés: sobresaltarme ante las noticias terribles, tener un sueño tranquilo, no esconder la cara en la almohada, y tratar de comprender y trasformar una realidad que, aunque irascible y compleja, se deja mutar en palabras, oraciones, poemas. Sí, en palabras, de esas que se lleva el viento. Y hay que estar alegres de que se las lleve, porque la cosas que el viento no se lleva son las que acaban destruidas por su fuerza, tal como Quevedo sentencia a Roma:
“¡Oh, Roma!, en tu grandeza, en tu hermosura,
huyó lo que era firme, y solamente
lo fugitivo permanece y dura.”
Me uno ahora a los fugitivos, a los aéreos, a los idealistas.
Gracias a todos los que escriben y leen. Gracias, Fernando.
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